• Manuel Bea

¿Por qué no hay agua en Las Tablas de Daimiel?


Autor de la foto Guillén Pérez. Flickr
Las Tablas de Daimiel

Hace ya unos cuantos años, un compañero de trabajo y yo, aprovechamos una reunión en Ciudad Real a media mañana, para madrugar y hacer antes una visita a Las Tablas de Daimiel, que se encontraban en el momento de máxima inundación de los últimos años tras un invierno particularmente lluvioso.


Llegamos cuando estaba prácticamente amaneciendo, y una niebla fina estaba aún empezando a levantarse. Seguramente éramos los dos únicos visitantes del Parque en ese momento, y desde luego la experiencia fue muy diferente a la de otras visitas que había hecho antes. En esos momentos, varios bandos de grullas estaban empezando a revolotear encima de la laguna, agrupándose antes de ir a buscar alimento a zonas cercanas. Había muchas anátidas sobre la lámina de agua, y sobre todo había mucho ruido, del que uno espera encontrarse en la naturaleza. Un catedrático de ecología de mi universidad nos dijo en su momento que Las Tablas se habían convertido en una “charca para cuatro patos”, lejos ya de merecer la figura de conservación de Parque Nacional. Un par de años antes, había estado en un momento en el que estaban casi secas, por lo que volver a verlas llenas de agua y vida me ayudó a hacerme una idea de cómo era este espacio natural hace decenas de años, y ver el contraste con la situación de deterioro al que se había llegado. No me acuerdo ya nada de cómo fue la reunión de aquel día…, pero muchas de las imágenes de esa mañana sí que las tengo aún guardadas en la memoria.


En el año 2020, las Tablas se declararon en estado crítico de conservación, llegando a quedar inundadas menos de 50 hectáreas de las más de 1.700 que conforman la zona encharcable, y teniendo que aprobarse bombeos de emergencia para aportar agua al humedal así como para humedecer las zonas de turba y prevenir incendios. Las Tablas conforman un ecosistema de especial valor ambiental y gran singularidad, al tratarse de un humedal en una llanura de inundación enmarcada en un ambiente semiárido. Se asocian al nacimiento del río Guadiana en el paraje de Los Ojos del Guadiana, punto de rebosamiento natural del acuífero de La Mancha Occidental, que pocos kilómetros más adelante se junta con el río Gigüela, de aguas mucho más salobres, desbordándose como consecuencia de la horizontalidad del terreno en esta zona. Debido a la situación de sobreexplotación del acuífero, sólo ha manado agua de los manantiales de Los Ojos en limitadas ocasiones a lo largo de los últimos 40 años.


Imagen de Wikipedia con licencia de Wikipedia commons

I-CATALIST acaba de terminar un trabajo para WWF-España, en el que hemos utilizado técnicas de teledetección e información sobre las fincas con derechos consolidados de uso de agua para riego con objeto de cuantificar las extracciones de agua totales y el porcentaje de las mismas con indicios de ilegalidad. Los resultados serán publicados en los próximos meses, y muestran una clara situación de sobreexplotación, que se corresponde con la bajada en los niveles piezométricos del acuífero medida en los últimos años. Según este estudio, el riego ilegal parece ser la principal causa de esta situación. Una mayoría de los regantes de la zona están haciendo un esfuerzo ajustando sus cultivos y superficies regadas a los planes anuales de extracción, pese a lo cual, un porcentaje considerable del regadío se está produciendo en fincas que no se encuentran dentro del inventario de parcelas con derechos de agua. Este riego en posible situación de ilegalidad representa unas extracciones de un orden de magnitud similar al déficit hídrico por sobrexplotación que se ha producido en el periodo que ha sido analizado.


Tal y como se concluye en una monografía publicada recientemente por el Observatorio del Agua de la Fundación Botín sobre el tema del uso ilegal del agua, este es un problema de creciente importancia en muchos países con condiciones agroclimáticas y de desarrollo similares a España, pese a lo cual, existen pocos estudios y bastante desconocimiento sobre su magnitud. Es un problema cuya solución no es sencilla, y que debe integrar diferentes enfoques y tipos de acciones, y cuyo impacto es evidente en la conservación de muchos de nuestros ríos y humedales de mayor valor ecológico.





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